Las personas son como una moneda de dos caras. Tu, confiado de que
la otra persona no te abandonará nunca, lo das todo por ella, te arriesgas en mil batallas por salvar su pellejo, luchar contra cualquier monstruo con tal de salvar a esa persona especial. Pero
cuando tu mundo se desmorona, cuando es la hora de que esa persona por la que tu has librado mil y una batallas luche una simple batalla por ti,
nunca aparece. Te quedas solo esperando su llegada.
Te derrumbas, piensas en todas las cosas que vivisteis.
"¿Habré hecho algo mal?" "¿No fui lo suficiente bueno?" Preguntas y más preguntas nublan tu mente hasta que llegas al punto de
odiarte por algo que ni siquiera hiciste. No encuentras la luz a ese pozo negro en el que te metió. No ves fin al túnel por el que te recomendó pasar.
Te sientes solo, sin nadie a quien realmente importes, sin nadie con el que sientas las mismas emociones que sentiste una vez con esa persona.
Te sientes derrotado.